viernes, 6 de mayo de 2011

Se aman, están bien. Se dicen a cada rato lo mucho que se desean, y que se necesitan a más no poder. Ella permite que los labios de él recorran primero sus hombros, luego su cuello y por último su suave rostro hasta llegar a su boca. Sus respiraciones van acompasadas y sus cuerpos, de alguna manera, encajan, como si hubieran nacido para estar uno al lado del otro. Cada vez que mencionan el nombre del otro, suspiran, como si fuera su sueño más preciado e inalcanzable [todavía no pueden creer estar juntos]. Están bien.
Un segundo.
Él ya no la recorre con sus labios, ella tampoco a él. Sus cuerpos misteriosamente dejan de encajar, ya parecen como el agua y el aceite. No se pueden mezclar. El deseo de él hacia ella sigue intacto, pero es demasiado tarde, la perdió. Ella lo desea también, pero no puede lastimarse más. Es demasiado frágil. ¿Se necesitan? Sí, por supuesto, pero de un modo totalmente distinto. Todo está arruinado; sus esperanzas, hundidas en el fondo de un profundo pozo. Ella derrama una lágrima, pero por una vez, la primera, élno está para secársela, porque él, sí, él, es el culpable. Están mal.

[Que rápido se puede pasar de ser el más feliz del mundo, a todo lo contrario. Parece mentira que dos personas que se quieren tanto se lastimen de una forma tan cruel. ¿Cómo es que se puede perder toda la felicidad en un segundo? ¿Cómo es que no hacemos nada por evitarlo?]

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