viernes, 15 de julio de 2011

Quizás cuando estés más lejos que nunca, comprendas que nadie tuvo la culpa.

Te odio porque siempre sigues ahí, dice una canción que suena en mi reproductor. Lo peor de todo es que es verdad, en algún rincón de mi corazón. Pero ya no me importa, cada vez me acuerdo menos de ti. Creo que por fin he conocido a una persona tan buena y compresiva que me está ayudando a olvidarte. Aunque aún de vez en cuando, mi memoria te menciona y no me deja pensar en otra cosa. No es fácil olvidar a una persona que has querido tanto, que lo ha sido todo para ti durante mucho tiempo.
No te culpo, sé que lo intentaste junto a mí; sin embargo, un poco tarde. Te agradezco todos los efímeros momentos que hemos pasado, sé que no los olvidaré jamás, me hiciste muy feliz el poco tiempo que logramos estar juntos.
Esto es una especie de despedida, te lo escribo aquí porque sé que lo leerás (incluso sabiendo que odio que leas mi blog). Es una despedida, no como las que hemos tenido muchas veces. Es una despedida de verdad, definitiva. De las que duelen, por lo menos a mí.
Sé que nunca te podré recordar sin que me duela, eres el tipo de persona con la cual pasaría el resto de mi vida. Pero, yo no soy lo suficientemente buena para ti. O quizás, simplemente nunca será mi momento.
Dicen que en la vida tenemos dos grandes amores: uno con el que te casarás y otro que perderás siempre. Indudablemente, tú eres ese segundo amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario