
Te pedí que no me faltaras, te rogué que no me dañaras. Juraste hacerme feliz, no querías volverme a mentir, dijiste que no te fallarías que harías lo posible y no me defraudarías. Te contesté que en esta vida eras lo único y mas hermoso que tenía, que sin ti nada sería y volviste a repetir que me amabas como a nadie en tu vida. Ya estaba harta de sufrir pero necesitaba de él para sobrevivir y sin que me importara hice oídos sordos y volví para seguir. Querías verme feliz, no querías verme sufrir, decías que no te importaba nadie que solo era yo en quien pensabas en el dia y en la tarde. Yo ya no confiaba, ya estaba a punto de caerme pero siempre me mantuvo de pie lo que sentía, lo que el corazón me decía. Cada vez era mas difícil, todo se me oscurecía y lo que me decías no te creía. Fue todo tan de repente que no tuve tiempo de abrazarte y sostenerme para no volver a caer en esto que no me deja verte. Me fallaste y no tuviste los huevos suficiente para admitirme que no podías dejar lo que tenías por alguien que te quiere. Me recordaste aquel sufrimiento, me volviste a romper el corazón y esta vez no tiene arreglo. Te dedicaste a enseñarme que en esta vida es mejor pasarla bien y no engancharse, me enseñaste que mentís porque no te da la cara para admitir. Lograste en mi, la mejor de las decepciones y el peor sentimiento: la soledad.
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